Mi fiesta nacional griega (en comisaría)

Con la irrupción de la crisis sistémica actual ya estamos viendo y viviendo la tragedia de varios países al borde de la bancarrota, ausencia de voluntad política y relanzamientos ficticios del cada cual para sí.  En un contexto de aumento del paro masivo, los recortes sustanciales en materia social y los continuos ataques a los derechos fundamentales parecen ser la única medida adoptada por los gobiernos de la UE, quienes se limitan a poner cada vez más dinero público al servicio de banqueros y especuladores.

Grecia es uno de los países que con mayor crueldad está sufriendo los efectos de nuestro sistema neoliberal. Grecia es también el país donde actualmente vivo, y el lugar donde dos amigas y yo mismo fuimos arrestados cuando nos disponíamos a pasar el domingo en la ciudad de Alejandrópolis. Para que entendáis la gravedad del asunto, debo primero poneros en antecedentes de lo que aquí está aconteciendo:

No sólo se trata de que en Grecia los salarios  del sector público se hayan reducido entre el 40 y el 70% (algo menos en el sector privado), que uno de cada dos jóvenes esté desempleado y el paro sobrepase el 25%, o que el nuevo asalariado cobre únicamente 417 euros o los nuevos pensionistas 320 euros. La clase media de este país está prácticamente arruinada, la desnutrición hace estragos entre los niños de primaria y el hambre asoma incluso en barrios de grandes ciudades.

Alejandrópolis es la capital de Tracia, en la región de Evros. Nada tiene que ver este rinconcito del mediterráneo con las archiconocidas ciudades griegas de Salónica o Atenas, o las turísticas islas de Corfú, Mykonos o Creta. Evros es una región eminentemente rural, poco industrializada, de corte muy conservador y el límite político fronterizo con Turquía, de lo que deriva la extrema militarización de esta región.

El pasado día 25, dos amigas de nacionalidad alemana y española y yo mismo decidimos dejar el pueblecito en el que vivimos, en el corazón del Parque Nacional Dadia-Lefkimi-Soufli, donde trabajamos dentro del marco del Servicio Europeo de Voluntariado para una organización ambiental internacional, para pasar el día en la ciudad. Grecia celebraba su fiesta nacional, evento anual que conmemora el alzamiento de 1821 en que se libraron del yugo turco, y en el que militares y niños (menuda mezcla, churras con merinas) desfilan por las calles de las principales ciudades de Grecia.

Eran aproximadamente las once  de la mañana cuando nos encontramos con otro amigo que vive en la ciudad, en la cafetería cercana a su librería. Un café después, apenas tuvimos que andar unos metros hasta la avenida principal donde la celebración del día nacional iba a tener lugar. Lo primero que me sorprendió fue la gran cantidad de policía desplegada por las calles adyacentes a la avenida principal. Y en número casi mayor a la policía uniformada, policías de incógnito – se les reconoce a leguas- por todas partes.

Y hasta aquí puedo leer. Todavía faltaría media hora para el comienzo del desfile, cuando un policía nos pidió los documentos de identidad y se largó con ellos sin mediar palabra. Más policías disfrazados de calle llegaron hasta nosotros para arrancarnos de entre la multitud en las aceras y ponernos en el medio de la avenida principal. Ignorante de mí, aún pensaba que aquello era un control rutinario, cuando escuché los gritos de mi compañero forcejeando con varios policías que intentaban llevárselo por la fuerza. No daba crédito a lo que estaba sucediendo, cuando un policía me agarró por el abrazo y me dijo que moviera en dirección a una furgoneta de la policía. Pensé: “¿Me están arrestando? ¿Realmente está sucediendo esto?”. En ese mismo instante, presa del pánico y los nervios, comenzé a gritar que por qué, que era un turista y  voluntario europeo y rechacé la sugerente invitación del policía. Recuerdo de aquel momento cómo varias personas de entre 50 o 60 años de edad que aguardaban al comienzo del desfile saltaron al asfalto encarando a la policía, tratando de evitar nuestra detención, mientras varias decenas de policías se colocaban los cascos y empuñaban los escudos para… para qué, ¿para contener a 3 jóvenes turistas europeos? En aquel momento, varios policías me agarraron y me forzaron a entrar en la furgoneta policial. Mis compañeras, en un estado de incredulidad y estupefacción total, también fueron conducidas a dependencias policiales.

La doctrina del shock continuó en comisaría. Nadie nos explicó porqué fuimos arrestados. Durante el registro – ¡dos horas después de habernos detenido!- pasé de sospechoso de intentar atentar contra el gobierno, a convertirme en supuesto traficante de drogas por llevar mis pastillas de la alergia, e inmediatamente espía internacional por el billete de autobús que delataba mi visita a la ciudad turca de Estambul. Lo absurdo de la situación fue total cuando uno de “los hombres de Paco”, el matón, el poli malo, se quitó la corbata, remangó las mangas de su camisa y se sentó en frente de nosotros mirándonos fijamente a los ojos, en un intento de acojonar al personal. Cuarenta metros cuadrados de salas llenas de clichés y estereotipos, donde también se encontraban el poli bueno (su gesto facial parecía reconocer la estupidez de habernos detenido), la inspectora gruñona que siempre se levanta con el pie izquierdo gritándonos en griego, como si así pudiéramos entenderla, o el poli tontorrón que hacía bromitas sobre fútbol, como si el Madrid o el Barcelona me fueran a hacer olvidar que de un plumazo barrieron mis derechos.

La noticia de nuestro arresto corrió como la pólvora, y mientras pasamos las horas retenidos en comisaría, pudimos escuchar los gritos de decenas de personas que se agolpaban en las inmediaciones en protesta por nuestra detención.

En mi opinión el arresto no estuvo exento de irregularidades: intentaron interrogarnos de manera extra-oficial, sugiriendo de forma poco cortés que firmáramos un papel en el que éramos acusados de llevar con nosotros objetos peligrosos que lanzar a los políticos – en mi caso una cámara de fotos y un botellín de agua, desafortunadamente mi compañero portaba consigo un arma de destrucción masiva: una naranja- y querer reventar la manifestación, mintiéndonos sobre el contenido de dicho documento para que firmáramos. Por supuesto, nos negamos a declarar y firmar dicho documento – del cual no entendíamos ni una sola palabra- sin la presencia de un traductor oficial y un abogado, un derecho de todo acusado que pareció irritar a alguno de los policías presentes en la sala, que comenzó a maldecir a los dioses griegos.

Finalmente apareció “Paco”, el jefe de la comisaría, con la amiga de la prima del hermano de uno de los policías, una joven que pasó su año universitario de Erasmus en España, para hacer las veces de traductora. Nuevamente, “Paco” nos instó a firmar un papel en el que declarábamos que éramos parte de un movimiento que pretendía ¡manifestarse! en contra del gobierno. Tampoco era el caso, aunque ¿ahora también está prohibido manifestarse? ¿Cuál será el siguiente paso, el estado de emergencia permanente? ¿Estamos volviendo a la Edad Media? Nuevamente nos negamos a firmar ningún papel, tras lo cual preguntamos insistentemente por qué nos habían detenido, e insistimos en declarar ante un traductor y un abogado de oficio. Minutos después estábamos en la calle, libres de cargos. Curiosamente, el desfile ya había terminado.

Los medios de comunicación locales describieron el asunto como arrestos preventivos para evitar sucesos mayores, sin profundizar en el asunto ni explicar quiénes fueron los detenidos.

El desfile se celebró ante la atenta vigilancia de cientos de policías venidos de toda la región de Evros. Según leí en los medios, los padres aplaudían al paso de sus niños desfilando entre militares, mientras miles de ciudadanos proferían gritos en contra del gobierno griego, el FMI y la UE. También hubo manifestantes armados con pancartas. Ninguno de ellos fue detenido.

@alexpolisonline

Del shock y la conmoción a la que mercados y gobiernos nos someten, surgen miedos inaprensibles para la mayor parte de la la gente y sectores de la sociedad. El sistema actual que nos domina no quiere ciudadanos implicados ni actores capaces de reaccionar ni de movilizarse ante la injusticia; sólo quiere espectadores impasibles, gregarizados y obedientes. Mi detención, “arresto preventivo para evitar males mayores” como así lo llamaron, es una declaración total de intenciones de aquellos que nos gobiernan.

Algunos me dirán que la próxima vez mejor será que me quede en casa; otros que fue un suceso desafortunado, que estaba en el lugar inadecuado en el momento incorrecto. Yo creo lo contrario. La lucha por nuestros derechos y por un mundo más justo y solidario está en la calle. Quedarse sentado en el sofá de casa, criticando y diagnosticando los males de la sociedad, embebidos en el placebo del fútbol y demás basura televisiva, aferrándonos al individualismo y a nuestro nivel de vida sin pensar en los demás, no hace sino fortalecer ese miedo que nos hunde en la agonía. Esta vez me tocó a mí, un turista en Alejandrópolis, potencialmente peligroso, quizá por tener el pelo largo y llevar consigo una mochila. ¿Y si tú eres el siguiente? Todavía reside en mí un sentimiento de frustración, impotencia y soledad como nunca antes había experimentado. Me sentiría mejor si la organización para la que trabajo hubiera expresado un poco más de afecto, temerosos y más preocupados por posibles represalias policiales.

Esta es la historia de mi particular fiesta nacional griega. Esta es la historia del día que despertó mi conciencia.

PD: Como bien apuntara un viejo amigo mío: “Normal que te hayan pillado. Ellos no saben si tienes visión laser o escupes fuego o cualquier cosa por el estilo. Y esta claro que ante una duda semejante un tío mirando es un peligro en potencia. Menos mal que no gobiernan los Mercados, que sino…”

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4 thoughts on “Mi fiesta nacional griega (en comisaría)

  1. Jorge me encantó este artículo. Lo escribiste de una manera que me llegó y quería decirte que si pensabas que escribías más o menos, ahora te digo que lo dejes de pensar jajaja. Ya lo voy a compartir para que lo lean, esto tiene que ser sabido. Entiendo perfectamente como te sentís pero por nada del mundo te quedes en tu casa la próxima vez. Yo cada vez que puedo voy a las manifestaciones y siempre está el miedo de que me agarre la Policía, más que nada porque tengo beca y no quiero perderla. Pero es un riesgo que vale la pena correr. Estando acá tenemos que luchar por nuestros derechos como si fuésemos griegos, después de todo, por ahora este es nuestro hogar. Ahora me junte con otros compañeros de beca y estamos enfrentándonos a los ministerios que no nos pagan como corresponde. No sé que va a salir, pero no vamos a dejar que el miedo de ser extranjeros nos limite a reclamar lo que nos corresponde. Te mando un saludo desde Thessaloniki y a seguir despertando conciencias.

  2. I dont speak spanish, but the video speaks for itself.
    All I can say is this…

    [img]http://img166.imageshack.us/img166/3470/gracademia2ti6.jpg[/img]

    To those of you that dont speak greek it is a shoulder patch from the Greek Police Academy with the following motto:
    “Learn the ability to command & be commanded”

    Ironic.

    Hope you are well, Jorge.

  3. Pingback: Mis razones para apoyar el 14-N | Keoki dreams factory

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